Por Fernando Heller - DPA

LUXEMBURGO.- Las malas noticias no paran de llegar desde Atenas: dudas sobre su capacidad real de realizar más ajustes, lógicas protestas populares y, hoy, más negros nubarrones sobre sus previsiones de recorte de deuda y déficit: un rosario de espinas que mantiene a Europa en vilo. Mientras el gobierno heleno admitía que no cumplirá con sus objetivos de déficit y deuda para 2012, los ministros de la eurozona asistían en Luxemburgo a una reunión que tendría que haber cerrado la crisis de deuda griega, pero que, sin embargo, les ha colocado como simples "notarios" del descalabro griego a la espera de que la "troika" de luz verde al siguiente tramo de ayudas internacionales.

Octubre se le ha atragantado al gobierno del primer ministro heleno, Giorgos Papandreu: hace apenas unos días, el político socialista pensaba que las arcas estatales recibirían 8.000 millones de euros, el sexto tramo a partir del primer paquete de rescate al país, por 110.000 millones de euros, para evitar la quiebra. No obstante, los inspectores de la Comisión Europea, del Banco Central Europeo y del FMI, la "troika", mantuvieron el suspenso, a la espera de que los compromisos de máxima austeridad de Grecia se profundicen y sean "constatables". Si todo va bien, esta podría ser la semana clave en la cual el terceto internacional emita su sentencia supuestamente favorable y, por fin, Atenas reciba esos recursos, indispensables para evitar la suspensión de pagos.

El precio a pagar por Atenas es altísimo: más de 30.000 estatales se mantendrán en los cuarteles de invierno. Como testigo impotente, la población griega se lanza a las calles para dejar patente su cólera por la forzada dieta de austeridad que les impone la "troika" e, indirectamente, la canciller germana, Angela Merkel, paladina del ahorro en Europa. Atenas admite por su parte que la deuda pública escalará en 2012 hasta el 172% del PBI, cuando el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, permite sólo un 60%. El comisario de Asuntos Económicos del bloque, Olli Rehn, reiteró ayer el pedido de disciplina. En realidad, el eurogrupo de ayer es un encuentro de transición: no se decide nada porque la "pelota", según la metáfora usada por Rehn, está "en el tejado de Grecia". Pero desde que al finlandés se le ocurrió hace más de un año esa figura retórica, el "tejado" de Atenas se ha llenado de balones: todavía no se aprobado el nuevo tramo de ayudas y el segundo rescate, por 109.000 millones de euros, duerme el sueño de los justos.

La nueva fecha para aprobar la ayuda a Grecia es el próximo 13, una vez que los inspectores den su visto bueno al compromiso heleno de ajustes. Después vendrá el Consejo Europeo de Bruselas, el 17 y el 18, donde todo quedará anclado. El propio Rehn lo admitió ayer . "La eurozona está en una situación crítica. Nos enfrentamos a tres retos fundamentales: un crecimiento estancado, tensión en la deuda soberana y bancos todavía vulnerables".